Aunque nos empeñamos en perder peso comiendo poco, está claro que esa no es la solución. Tener sensación de hambre es algo normal.

En este artículo vas a entender por qué luchar contra el hambre es una batalla perdida: El 80% de las personas refiere haber hecho alguna dieta en su vida con mayor o menor éxito, pero lo peor es que el 90% de las personas que pierden peso, lo vuelven a recuperar con el paso de los años.

Las cifras de la Obesidad

Las cifras de obesidad y sobrepeso son alarmantes y siguen duplicándose con el paso de los años.

En España la obesidad afecta a casi 9 millones de personas y a 1,5 millones de niños, según los últimos datos de la Sociedad española para el estudio de la obesidad (SEEDO).

Por ello, si queremos resultados distintos, no podemos seguir con las mismas soluciones empleadas hasta ahora.

Y uno de los errores principales a la hora de intentar perder peso es querer hacerlo comiendo poco y pasando hambre.

Sin embargo, luchar contra los kilos no se hace comiendo poco, sino comiendo mejor y aumentando la actividad diaria.

Tu cuerpo no quiere pasar hambre

No estamos “diseñados” para perder peso. Hemos luchado como especie, a lo largo de los siglos para sobrevivir al hambre y por ello nuestro cuerpo se defiende cómo puede cuando decidimos comer poco.

No se trata de tener mucha o poca fuerza de voluntad. Se trata de que no podemos luchar contra uno de los instintos más básicos: el hambre.

Por eso, para adelgazar, no se trata solo de comer poco, se trata de mejorar tu estilo de vida sin desnutrirte.

Y para que acabes de convencerte te voy a explicar los mecanismos por los que es difícil perder peso y mantenerlo comiendo poco.

Por qué tenemos hambre

Estómago vacío y distensión abdominal

Cuando el estómago está vacío aumentan sus contracciones y las del intestino delgado por aumento de una hormona, la motilina, que empieza a preparar nuestro organismo para la siguiente comida. En este momento se secretan otras hormonas que nos hacen tener hambre.

Lo contrario ocurre cuando llenamos el estómago. Habrás notado muchas veces cómo, si comes demasiado, tu cuerpo te transmite esa sensación de “no poder comer más” o “estoy lleno” y es que literalmente, cuando el estómago está lleno, el hambre desaparece.

Disminución de los niveles de glucemia en sangre

Nuestro organismo está diseñado para mantener unos niveles constantes de azúcar en sangre o glucemia.

Cuando comemos, la mayoría de los alimentos son digeridos hasta obtener energía. Gran parte de esta energía es glucosa. La glucosa es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo y en especial para el cerebro.

Al cabo de unas 2 a 3 horas de haber comido, los valores de glucemia van disminuyendo. El cuerpo, si no comemos, es capaz de obtener glucemia de los depósitos de grasa o de glucógeno, pero siempre va a intentar protegerlos para no quedarse sin azúcar.

Nuestro organismo no sabe si nos sobra mucho o poco peso. Siempre, si ve que los niveles de azúcar bajan, va a poner todos los medios a su alcance para que comas, por lo tanto, aumentará tu nerviosismo y tu sensación de hambre.

Producción de hormonas que van desde el intestino al cerebro

Hay una comunicación continúa entre nuestro sistema digestivo y el cerebro.

Aunque lo que comemos depende de factores psicológicos, sociales y ambientales, también las hormonas juegan un papel importante.

Hay muchas hormonas y neurotransmisores implicados en aumentar o disminuir el hambre. Entre ellas destacan la Ghrelina y la leptina. La primera que aumenta la sensación de hambre y la segunda que aumenta para darnos sensación de saciedad cuando ya hemos comido.

Pero además de estas hormonas hay muchas más sustancias involucradas en la conducta nutricional.

Algunas para incitarnos a comer como el neuropétido o las orexinas, y otras para lo contrario como el polipéptido pancreático, las adipocinas o la misma insulina.

Nuestro organismo no está diseñado para pasar hambre

Lo que está claro es que nuestro organismo no está diseñado para pasar hambre y por eso si necesitas perder peso debes intentar cambiar de estilo de vida, comer bien y moverte más en vez de hacer dietas restrictivas que, a la larga, como ves, están abocadas al fracaso.

La razón es que, para perder peso, no se trata de maltratar a tu cuerpo y de privarle de nutrientes que necesita y que va a “reclamar”. Si tienes que perder peso, no pases hambre y no comas menos: come mejor.