Desde que en el año 2011 se descubrió el Genoma Humano, los avances que se han hecho en el mundo de la Medicina son extraordinarios.

Cada día se descubren más relaciones entre modificaciones genéticas y enfermedades y su aplicación terapéutica es en muchos casos una realidad. Cada persona nace con su propio ADN, el cual le caracteriza.

Todos somos distintos excepto los gemelos monocigóticos que son idénticos genéticamente ya que provienen de la división accidental de un único óvulo y un único espermatozoide en dos embriones en vez de en uno.

Nuestros genes provienen pues al 50% de cada uno de nuestros padres biológicos y son los responsables de que seamos de una manera determinada. Los genes son los responsables de que seamos rubios o morenos, altos o bajos, es decir, de nuestro fenotipo o características físicas, pero también nos predisponen a desarrollar o no diversas enfermedades. Pero lo que se está viendo cada vez de forma más evidente es que los genes tienen un papel fundamental en la manera en la que metabolizamos los alimentos.

La nutrigenética

La ciencia que se ocupa de este aspecto del genoma es la Nutrigenética que se ha desarrollado intensamente durante los últimos años y cuyo objetivo final es aportar pautas nutricionales personalizadas para cada persona, en función de su ADN personal.

Según la Nutrigenética, los nutrientes que a una persona le van bien para mejorar su salud cardiovascular o para controlar su peso corporal, en otra persona con diferente ADN no funcionan o su efecto beneficioso es menor.

Los genes hacen que respondamos de forma diferente ante los mismos alimentos. Por ello, con un análisis genético podemos conocer cuál es la mejor dieta que podemos llevar a cabo para cuidar nuestra salud.

Aunque es una ciencia relativamente nueva, son ya varias las relaciones que han sido descritas en diferentes estudios epidemiológicos realizados en miles de personas.  De dichos estudios se extraen aplicaciones prácticas que pueden ser útiles para las personas que deseen personalizar su dieta en función de su ADN y obtener resultados más efectivos.

No confundamos estos análisis con los tan famosas pruebas de intolerancia alimentaria de dudosa fiabilidad científica en la mayoría de los casos, ni pensemos en dietas milagrosas que nos van a devolver la salud y nos van a quitar los kilos comiendo de cualquier forma. Se trata de confirmar de forma científica lo que nos dice el sentido común.

La dieta equilibrada y el ejercicio físico serán siempre buenos para la salud, pero si nuestros genes nos dicen que necesitamos más ácido fólico para reducir el riesgo cardiovascular nos acordaremos de comer más a menudo espinacas y si además parece que nuestros genes nos amenazan con un cáncer añadiremos brécol o coliflor.

La alimentación del futuro está llamando a nuestra puerta. ¡Bienvenida sea!